martes, 4 de noviembre de 2008

Poemas de Mi nombre es Nadie

Mi nombre es nadie.
Soy un chasclazo de barro contra el tiempo
que se disuelve en la Laguna, aguas de bronce,
de la Eternidad.
Soy como tú.
Tú morirás
y ellos morirán.
Lo dice El Libro.
¿Acaso hay algo que lo pueda evitar?
No hay verdad que pueda nada contra eso.
Y ahora habladme de la vida que se ensalza,
del reguero que se extiende…
Y es verdad.
Cada momento es El Momento.
Cada segundo tiene en sí La Eternidad.
Pero no hay nombre que resista la memoria.
El vendaval de la existencia es remolino
de siglos que se van.
Humo y cenizas.
En las estrellas hay un polvo misterioso,
Como un camino…
Y no sabemos dónde va.
Si soy Picasso, Hernán Cortés, Homero o Shakespeare,
Napoleón, Yahya o Cervantes,
qué mas da.
Vendrá el silencio de la Noche
y la tormenta
y amplios desiertos,
piedras rojas en su faz.
Vivo el momento, soy feliz
Y soy Ninguno.
Mi nombre es Nadie.
Como tú.



¿PARA QUÉ LA PALABRA?


¿Para qué la palabra?
¿Para nombrar las cosas que los dedos señalan,
que el oído ya escucha,
que los ojos ya saben?
¿Para llamar al viento,
para contar los granos…?

¿Para qué la palabra?
Si las piedras ya pesan
y la hierba es lozana…
¿Para sembrar la tierra?
¿Para criar ganado?
¿Par mostrar la casa?
¿Para cambiar de mano?

No.
¿Para qué la palabra?
La palabra es la fuerza
y rompe lo cercado.
Es la que abre las puertas
a lo no visitado.
La que deja en el aire
un temblor ignorado.

¿Para qué la palabra?
Para saber que el humo
se dispersa en la noche
y que un polvo de estrellas,
como niebla que se abre,
nos espera en la calle.
Para saber que habita
en la carne un misterio
que no puede medirse.
Para que al pronunciarlo
resuenen en sus ecos
los cristales del tiempo.

Para saber que luego
sólo queda el silencio.

2 comentarios:

Isoba dijo...

Un saludo, Emilio. Te he conocido gracias al blog de Soledad.

Mi nombre es Maite.

Lina Caffarello dijo...

Este libro es espléndido, cada tanto pongo algún poema tuyo en mi blog, donde también agregué el link de esta página. Desde Buenos Aires, casi en el fin del mundo, Lina Caffarello.